SALSA Y CONTROL
Las raíces africanas desde
tiempos inmemorables, han arrastrado con las cicatrices del
yugo de la esclavitud y de la mano poderosa que siempre quiso
imponer su poder para explotar y dar un trato inhumano a toda
esta raza descendiente del fuego y de la música; siempre
la música fue compañera esencial y testiga de
toda su historia cultural, de sus humillaciones, de sus inspiraciones
y de los gritos desesperados hacia sus dioses por una bendición
de libertad. De esta manera, la música caribeña
o antillana, “como quieran llamarle”, ha sufrido
en carne propia este flagelo que aún en pleno siglo XXI,
sigue manifestándose en una decadencia musical y en el
apoderado de intereses netamente personales, que rondan entre
manifestaciones económicas y egoístas. Pero como
todo cambia, nuevos horizontes se visualizan, y la música
se ha abierto nuevos caminos hacia su propia libertad, para
volver a expresarse en todo su esplendor como lo fue en una
época y como lo debería volver a ser.
En toda nuestra Latinoamérica, la esclavitud estuvo presente
en sus inicios históricos, y para centralizarnos más
en el tema, preferiblemente destacamos a Cuba, cuna musical
de ritmos exquisitos, de interpretes y agrupaciones que escribieron
en las páginas del libro de la humanidad uno de los legados
más ricos en cuanto a cultura musical afrocaribeña
se refiere, cuando la mano española hacia su presencia
en esta isla sometiendo bajo su puño al africano y le
imponía reglas y restricciones para mantenerlo sometido;
así, por ejemplo, se le prohibía la expresión
musical a través de su tambor, se le prohibía
manifestar su inconformidad y su inspiración por la vida
a través de su cantar. ¿Por qué?. Posiblemente
por miedo a caer en una especie de encantamiento o de hechizo
al escuchar esos soneos y resonar de cueros tan frenéticos
y sabrosos, talvez por miedo a sentir en esas notas toda la
furia y la inconformidad del esclavo en las claves, y sin embargo,
por más que trataron, no pudieron acallarlos.
Después que el esclavo pudo liberar su arado, su machete,
su alma y su vida, del poder que lo sometía contra su
voluntad, la música cubana comenzó a abrirse paso
de una manera increíble; surgieron poco a poco una gama
de ritmos tan ricos en sonoridades, melodías y compases,
que parecía una presa estancada que un día abrió
sus compuertas. Todo este flujo melódico salió
con toda la fuerza contenida para arrasar hasta el último
rincón del mundo, inundándolos de alegría
y sabor, pues a principios del Siglo Veinte cuando el Son, el
Guaguancó, el Montuno, la Guajira, etc, comenzaron a
hacer su presencia en forma, otro tipo de poder comenzaba a
rondar y a surgir alrededor de estos géneros musicales;
sin embargo, proveniente de raíces humildes, la música
cubana conservaba su inocencia, sencillez, fuerza, ritmo y sabor,
legado de una cuna africana humilde, pero rica indudablemente
en cultura y sonoridad. Como ejemplo, se ilustra la siguiente
anécdota :
"El comerciante santiaguero
Bartolomé Rodríguez regresa a su casa en el auto
que guía su chofer, y están pasando frente al
establecimiento La Dichosa, que entre otras cosas, se dedica
a la venta de discos... Le llama la atención el público
aglomerado frente a la tienda; indaga su chofer y le dicen que
ha llegado un disco nuevo que se ha hecho muy popular y todos
quieren adquirirlo. El comerciante ordena a su chofer Miguel
que compre uno y siguen para su casa. Cuando llegan a ésta
y mientras Miguel lava el coche, no puede menos que oír
las notas de la vitrola (gramófono) en que su patrón
escucha el nuevo disco: "Olvido", y después,
"El que Siembra su Maíz".....; Miguel ... Mande
señor... ¿Tiene usted algún pariente músico?,
porque este disco dice que las canciones son de un tal Miguel
Matamoros y que las toca el Trío Matamoros, igual que
tú te llamas... No, Don Bartolomé, no es ningún
pariente; ¿se acuerda que hace cuatro meses le pedí
un mes de licencia?. Fue para ir a Nueva York a grabar ese disco
y otros, con dos muchachos más de aquí... A la
mañana siguiente Miguel recibía una carta de su
patrono informándole que dejaba de ser su chofer porque...."un
artista de su calidad extraordinaria merece un mejor destino
y no sería justo de mi parte tenerlo de chofer en mi
casa..."
Puede notarse en el relato anterior,
la sencillez y el origen de la música afrocaribeña
plasmada en la mayoría de sus autores e interpretes,
como fue Miguel Matamoros, porque esta música surgió
del esclavo, del fruto de su libertad, de la esquina del barrio,
de la calidez del pueblo latino, del barrio pobre y del bailar
descalzo de su gente en el solar en una tarde de sol cubano
o borincano.
Debido al auge que estaba obteniendo la música afrocubana,
las casas disqueras empezaron a apostarle a realizar grabaciones
que ayudarían a inmortalizar muchas obras maestras, expandiendo
sus horizontes más allá de la isla cubana; luego,
con el surgimiento de ritmos como el Mambo, el cual fue uno
de los géneros que surtieron gran efecto en el escenario
estaunidense, la música en su originalidad rítmica
y sonora comenzó a ser manipulada para que no sonara
tan . . . - ya saben, "negra" -, obteniendo grandes
ingresos económicos a través de lugares como El
Palladium, por donde pasaron grandes de la música latina
que marcaron con sus ritmos y melodías las pautas que
acompañaron importantes hechos históricos de la
época, y que sin duda, ayudaron de manera significativa
a la expresión del latino, tanto en su alegría
como en su inconformidad. A pesar de esta comercialización
por parte de casas disqueras como la RCA, que fue una de las
pioneras en la recopilación de obras musicales, ello
significó un trampolín que ayudó en la
divulgación de nuestra música, permitiéndole
llegar de punta a punta en todas las Américas; surgían
entonces los managers, que por aquella época ya estaban
de moda con el surgimiento del rock and roll, el twist, entre
otros ritmos en Norteamérica, los cuales llegaban a un
público joven, llenando escenarios e imponiendo nuevas
modas, lo cual significaba dinero de por medio; aunque la música
afrolatina no estaba tan marcada por la tendencia hacia la identificación
por una moda en el vestir, ni era tan comercial en otros aspectos,
estaba llegando a un público mucho más numeroso,
a un medio más popular, distinguido más por la
rumba, el baile, el jolgorio; y esto de alguna forma significaba
dinero.
También surgieron grandes empresarios detrás de
estos ritmos, quienes promoverían espectáculos
y ayudarían a los cantantes, conjuntos, orquestas y agrupaciones
a ganar grandes sumas de dinero, en muchos casos; talvez en
su mayoría, muchos interpretes como Ismael Rivera y Héctor
Lavoe alcanzaron una gran fama en el mundo artístico
latino y llenaron sus bolsillos hasta el tope, pero de la misma
forma lo gastaban en el mundo de las drogas y la bebida, o simplemente
lo mal administraban sin pensar en el futuro; hubo así
grandes que murieron en plena pobreza y en total aislamiento
y olvido después de haber tenido una gran fortuna, como
igual pasó con la Lupe, una mujer que acompañó
a Tito Puente en muchos de sus álbumes, siendo reconocida
como una diva para su época por su inconfundible voz
y sus contorsiones en el escenario. Al final murió en
total pobreza y olvidada en el anonimato, mientras que los que
fueron sus managers, productores y casas disqueras se quedaban
con la fama, con las regalías y con todo el poder económico
obtenido a través de grandes como ella, y que aún
después de muertos, siguen publicando sus trabajos y
generando aun dinero. Es un negocio después de todo,
pero ha sido ingrato por parte de aquellos que consiguieron
fama y fortuna gracias a estos genios, siendo peor que no hayan
tenido la delicadeza para darles la mano así como ellos
un día le prestaron sus habilidades artísticas
para su beneficio comercial. Otros que pasaron de esta forma
a la historia fueron músicos como Monguito Santa María,
pobre y en el olvido, quien falleció sin siquiera un
reconocimiento, y al que ni una mano le tendieron para darle
ayuda personal; pero eso sí, estos empresarios esperan
a que fallezcan los artistas para comenzar a sacar recopilaciones
con lo último en tecnología, y bien costosas.
Pero lo que nunca le pudieron quitar a estos interpretes y genios
de la música fueron su pasión y amor por sus raíces,
su humildad y sencillez, lo cual fue característico en
la mayoría de ellos. Hasta hace poco, en una de las últimas
entrevistas realizadas a Tito Puente antes de su fallecimiento,
después de haber recorrido con su música el mundo
y de poseer una fama como ninguna otra, dijo que él siempre
seguiría siendo el mismo, porque la música latina
es humilde y viene de gente sencilla, “de mi pueblo latino”.
Como todo va cambiando a medida que pasa el tiempo, a finales
de los años 70s comienza a surgir un fenómeno
muy particular, el cual se asemeja a los tiempos del esclavo
cuando se le prohibía cantar e interpretar sus ritmos
autóctonos y se le quitaba el tambor porque el poder
del español lo impedía por beneficio propio, puesto
que no le convenía en ninguna forma, ya que se salía
de sus ideales mundanos y egocéntricos; algo similar
sucedió, como un retroceso pero a la moderna y más
sutil, con medios tan poderosos como la radio comercial, la
televisión y las casas disqueras en pleno auge comercial,
que se comenzaban a beneficiar de una transformación
mundial total, de una inclinación hacia un concepto netamente
material, superficial, sexista, donde lo que importaba no era
ofrecer un producto de calidad, sino mas bien vender una imagen
basada en caras lindas y cuerpos esculturales, acompañados
por canciones de letras vacías y sin mensaje, decadentes
rítmicamente, frías y carentes de ritmo, de pasión,
de sentimiento y amor musical. Debido a esta nueva proyección,
las casas disqueras, radiodifusoras comerciales, televisoras,
empezaron a cerrarle las puertas a todo aquello que llevaba
identidad cultural; fue así como se prohibió prácticamente
la salida a nuevos artistas latinos e igual la promulgación
de la Salsa en su mayor expresión, enclaustraron a los
ritmos cubanos, algo semejante a lo que le pasó al esclavo
negro cuando bajo el yugo de su amo se le impedía cantar
esos ritmos nacidos del corazón. Era el poder adquisitivo
por parte de los medios, a los que lo único que les interesaba
era conseguir y conseguir fama como sanguijuelas, y entonces
solo le daban salida a lo más mundano y de pésima
calidad musicalmente. Es así como hasta nuestra época
surgieron innumerables orquesticas de Salsa "de catre",
que grabaron uno o dos temas con el mismo sonsonete, pero que
tocaban en sus letras lo que acontecía culturalmente
en el mundo, y muy pocos artistas de antaño mantenían
su fidelidad a un Son limpio y lleno de inspiración musical.
Ahora, “como todo va cambiando”, han comenzado a
resurgir los ritmos auténticos, y mejor aún, en
manos de nuevos artistas que están demostrando calidad
musical, pasión y un profundo amor por sus raíces
latinas, y más increíble todavía, la aceptación
y la interpretación por parte de otras culturas, regiones,
países totalmente ajenos a Latinoamérica, pues
la salsa "de catre o monga" parece estar ya cansando
a todos; la gente está retornando gradualmente a un renacer
de la música afrocubana, pero con nueva vida y conservando
su ritmo y sabor, pues nuestra música se está
liberando de la esclavitud y del encierro, de la indiferencia
y la discriminación por parte de los medios, de la radio
comercial y otros; ya no parece que los medios tengan o posean
ese poder que siempre los caracterizó y que mal utilizaron
por su afán enriquecedor y superficialista, pues el poder
de la música y de su pueblo la ha liberado, haciéndola
llegar en su expresión más pura en lugares tan
lejanos como Europa, Asia, el Mediterráneo. La información
está ahora totalmente disponible a través del
internet, emisoras digitales radiando esta melodía tan
exquisita sin tregua, sin castraciones de ningún tipo;
obviamente, la Salsa “de catre o monga” ha tenido
un aporte cultural y ha tenido su espacio como tiene derecho
cualquier expresión artística, esto porque en
el mejor de los casos ha llevado a una toma de conciencia de
nuestros verdaderos valores e identidad musical, a una apreciación
más profunda y de respeto por lo nuestro, a una profunda
convicción sobre lo que estábamos dejando en el
olvido, ya que en nosotros está el verdadero poder para
darle vuelo libre a nuestras raíces. PORQUE NUESTRA MUSICA
VIVE . . .
¡QUE VIVA LA MÚSICA,
QUE VIVA LA SALSA!
Alexander Ospitia E.
Amisalsa - Amigos Impulsores de la Salsa
Cali, Colombia
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