"El Son es Universal"

Pablo Delvalle Arroyo
CAPÍTULO 1
1 Generalidades Sobre el Son
1.1 Orígenes
Tomé como punto de partida,
para desarrollar la historia, la remota invasión de los
continentes Europeo y Africano por los pueblos del Medio Oriente
y parte de Asia que durante el avance de la humanidad se han
caracterizado por su persistencia y obstinación para
lograr lo que desean. Resalto entre ellos a los árabes
con su arraigado credo religioso cuando conquistan a Egipto
a mediados del siglo VI e imponen sus costumbres, creencias
religiosas y filosofía en general. Para el año
700 se habían expandido por una vasta región hasta
llegar a la isla de Pemba, frente al territorio de Tanzania.
No se detienen, continúan su campaña conquistadora
a lo largo y ancho de la Costa Oriental del continente africano;
dejan a su paso gran parte de su acervo, representado en costumbres,
cultura y religiosidad muy barajadas con las propias de cada
zona.
Entran por primera vez en contacto
con las tribus bantúes para influenciarlas; permutándoles
sus hábitos y sus credos. A finales del año 710
e inicios de 711 bordean el estrecho de Gibraltar y llegan hasta
la Península Ibérica para tomar posesión
de los territorios y casan sus prácticas con las imperantes
en esa parte geográfica del continente europeo. Por supuesto,
la música que les hacía compañía
en sus cabalgatas iba quedando diseminada por los suelos que
eran sometidos.
Los aborígenes se adaptaron
a las nuevas sonoridades y las fusionaron con sus cantos ancestrales
en un definido rediseño del estilo de vida en el que
ocuparon sitial las nuevas tonalidades que hoy se conservan
a través del Son y las demás expresiones musicales
de nuestra América Latina. Es útil recordar que
uno de los creadores del arte musical de los ibéricos
y de la melodía Árabe-Andaluza fue Abu I Hasan
Ali Ibn Nafi. Nacido en Bagdad en 822, apodado Ziryad El Merlo;
ejecutante de laúd, cantante y fecundo compositor que
fundó el primer conservatorio de música en Córdoba
(España) logrando un marcado predominio en la estructura
de las variantes musicales hispánicas.
Un tiempo después de la
llegada del instrumento, Ziryad agregó una quinta cuerda
al laúd, modificando para siempre la forma de pulsar
sus cuerdas y su sonoridad. El arribo de músicos árabes
a la península ibérica tuvo repercusiones importantes
sobre la poesía, las melodías y los ritmos; además
del modus-vivendi de los peninsulares, que desde la invasión
quedaron marcados para siempre en todo lo que representaba su
trasegar por la cotidianidad.
La historia registra a poetas
de la talla de Abdul I Wabab, Mocadem Bin Mafa, Ubada Bin Mas-as-sama
e Ib Kuzman; cada uno de ellos ofrecía una visión
muy original de la rima y de la musicalidad. Fue esta la poesía
que talló hondo en toda España y también
la del sur de Francia, Italia y, por supuesto, en la música
y canto de esos territorios. En el cancionero de Palacio y en
las Cantigas, dos recopilaciones de canciones interpretadas
en la corte del Rey Alfonso X en el siglo XIII, pueden notarse
una clara marca en el sistema métrico árabe, conocido
con el nombre de zajals. Incluso se encuentran vestigios de
estas influencias poéticas y musicales en las colonias
españolas en América. Así, el folklore
andaluz pesa en las formas de interpretar las canciones campesinas
cubanas conocidas con el nombre de guajiras (a propósito
del nombre, éste viene del siglo XVI cuando los españoles
ante el agotamiento de la mano de obra indo-cubana y la no llegada
del negro a la isla, optaron por llevar indios guajiros de las
costas venezolanas y la península de la Guajira en Colombia),
y sobre la coreografía de la danza campesina típica
El Zapateo.
Un dominio más tenue,
por lo demás, se percibe en la música cubana actual,
la de los descendientes de las tribus negras musulmanas como
Mandingos, Peulsys y Wolofs, plantados por la fuerza en la isla.
Si la península ibérica -en los tiempos de los
reinados andaluces- fue el centro de la poesía, también
lo fue de los instrumentos musicales que en su mayoría
son de origen árabe laúd, rebab, tamborín
y gaita, por citar algunos.
Las guerras santas y los mercaderes
del África septentrional introducen, desde el siglo IX,
la lengua árabe y el islam al África subsahariana.
Las diversas tribus; entre las que sobresalieron los Hausay
y Dyula llevaron el Islam al sur de Nigeria y Camerún
para dejar huellas en forma definitiva entre los nativos que
poblaban esas extensiones en las prácticas religiosas
teniendo como vía expedita los cantos y sonidos instrumentales
como su forma de diversión. Precisamente, fue durante
esa época guerrera y de conquistas que la música
africana y europea se tiznó del color árabe; esto
sucedió 800 años antes de la llegada de los esclavos
a los territorios americanos. En ese ir y venir conflictivo
cargado de atropellos es que los elementos de la música
africana se introducen en el canto de Arabia y de paso rayando
a la música de Francia, España y Portugal. Fue
el país de la lengua de Castilla en donde los moros se
instalaron hasta 1492; recordemos que nuestra lengua está
preñada por más de 4000 palabras de ancestro agareno.
Antes de 1492; 150.000 esclavos
africanos habían entrado a España por la región
de Sevilla y se integraron a la vida cotidiana; trajeron a cuestas
sus raíces socio-culturales que sembraron entre los sevillanos.
No olvidemos que en Sevilla estaba ubicada la famosa Casa de
Contratación que era la encargada de administrar la trata
de esclavos y desde ese punto se generaba el nutrido tráfico
de dotaciones que embarcaban en su mayoría con destino
al Caimán Verde del Caribe, Santo Domingo, Puerto Rico,
Perú, Colombia, Venezuela, México y Panamá.
La reactivación del negocio de encadenados, esta vez
con la mira enfocada en el continente americano, y el contacto
que nuevamente tienen con los europeos, fluyen elementos de
identidad común entre el negro y la música propia
de los colonizadores españoles, portugueses y franceses.
Después de la rebelión
encabezada por Toussaint L’Ouverture en Haití en
1799, aproximadamente unos 3000 esclavos salieron en franca
huída en improvisadas embarcaciones rumbo a Cuba y en
especial hacia su parte Oriental. Después del desembarco
se prende la mecha del proceso de transculturación que
les permite mostrar y sembrar en los pobladores sus raíces
socio-culturales; hoy día aún persisten parte
de sus tradiciones musicales. Obvio, este fenómeno causó
repercusiones sustanciales en el desarrollo de la música
de aquellos días. Tratando de reducir las secuelas de
la rebelión, los haitianos llevaron consigo los cinquillos
de su pentagrama e incursionaron en la música del Oriente
cubano. Al margen de Cuba y Haití, hay que tener en cuenta
que en el resto del mediterráneo caribeño existía
una fuerte presión gala en los órdenes económico
y cultural que era sentida en Puerto Rico, Martinica y Guadalupe.
Los movimientos comerciales y culturales se sucedieron con frecuencia
entre las principales ciudades de estas antillas y París.
El siglo XVI se caracterizó
porque las predilecciones de las potencias colonizadoras marcaron
los gustos y preferencias del comercio de esclavos, que en su
gran mayoría procedían de la Costa Occidental
africana. Los ibéricos se inclinaban por dotaciones yorubas,
franceses por dahomeyanos; portugueses, senegaleses e ingleses
por ashantis. Cada colonia reflejó las culturas de sus
esclavos a través de la música, estilo para interpretarla,
instrumentos, danzas y, en especial, el modo de asumir el canto.
La brutal práctica de la esclavitud, rompió las
tradiciones africanas y después se tardó mucho
tiempo en su recuperación y florecimiento. En Cuba el
choque entre culturas originó una cadena de cambios y,
entre ellos, la imposición de las doctrinas religiosas
que profesaban los conquistadores (tengamos presente que los
españoles antes de pisar las tierras del Nuevo Mundo,
ya habían sido seducidos por Romanos, Visigodos y Musulmanes).
Sus hábitos musicales y los cotidianos métodos
de producción, de alguna manera recibieron el influjo
directo del sometimiento. Por lo tanto, este hibridismo adobado,
posibilitó que el suelo de América recibiera una
etnia multicolor y no la prístina de Europa. Continente
este que desde el año 218 A.C fue dominado por legiones
de invasores en distintas épocas, hasta cerca de 1479,
cuando Isabel de Castilla y Fernando de Aragón suman
esfuerzos para comenzar el proceso de unidad nacional en el
territorio peninsular. Inicialmente la unión se conformó
con fines políticos, alcanzando sus metas en las tierras
conquistadas. El fenómeno se extendió a los distintos
pueblos de la América colonizada, originando una vena
creadora sin precedente alguno. El maridaje entre negros y blancos
españoles le da rienda suelta al mestizaje que no solamente
se observa en la fusión de las razas, sino también
en la mezcla de una diversidad de atributos en varios niveles.
Durante más o menos 3
siglos, hombres y mujeres de disímiles cultos africanos
entremezclan sus costumbres, dogmas y, porqué no decirlo,
el basamento musical afectó con fortaleza a las razas
que participaron en la ligazón que para los españoles
era obligatoria. En cambio, para los africanos arrancados brutalmente
de sus tierras constituía sumisión. La fusión
sentó las bases para consolidar la identidad cubana que
se proyecta en la nacionalidad que perdura hasta nuestros días.
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SINTESIS SOBRE EL SON
Cuba la mayor de las antillas fue dotada por la naturaleza de
un clima sabroso y unos vientos que le permiten a sus habitantes
y visitantes el goce total; fructífera en artes, música
y una tierra productiva culturalmente hablando que le ha permitido
a sus hijos ser reconocidos universalmente.
La historia musical de Cuba ha sido una semilla que devino de
las confluencias canario/andaluces con la raza bantú
venida por la fuerza desde África hasta nuestras tierras.
En principio Cuba era un sitio de descanso de la larga travesía
entre España y América que los conquistadores
peninsulares usaban para aprovisionarse y dar rienda suelta
al ocio, allí permanecían por un corto tiempo
para luego proseguir su viaje a Centro y Sur América.
Las actividades agrícolas y la minería en especial
el oro no representaba para los españoles algo de importancia
en la isla; muy poco eran los habitantes que tenía la
isla en los primeros años de la conquista.
Habitaban en Cuba a fines del siglo XV aborígenes cuya
cultura corresponde a la edad del paleolítico: en su
gran mayoría siboneyes, ya en aquel momento en proceso
de extinción debido al salvajismo con que eran tratados
por los peninsulares que llegaban a sus territorios. Su música
al par que su cultura, era muy rudimentaria. Ni siquiera pudo
ser el indio cubano cronista de su propia historia, como lo
fue en México y Perú. De tal forma que sólo
nos quedan las crónicas de los conquistadores de la época,
o sea, a principios del siglo XVI, siglo este en que ya prácticamente
desaparecidos, empezaron a ser reemplazados por indígenas
guajiros que a la fuerza eran arrancados de sus territorios
venezolanos y de la península de la Guajira en Colombia,
es decir, que eso de llamarle a los campesinos cubanos ''guajiros''
viene del norte de América del sur y de allí se
toma la palabra para denotar la música campesina que
ostenta el nombre de ''guajira'' y que hoy día es reconocida
como uno de los géneros musicales de la isla de Cuba.
Pero no solamente en el siglo XVI llegaron indios guajiros a
Cuba, también empezaron a llegar esclavos negros para
reemplazar la mano de obra indígena que no resistía
mucho el duro trabajo, los negros africanos eran en mayor grado
más resistentes a la ardua labor del campo y a los quehaceres
de los hogares del hispano radicados en la isla. Pero tampoco
es para ilusionarse mucho, ya que Cuba por los años del
siglo XVI, era un país despoblado, con unos cuantos villorrios,
a lo que se suma La Habana, en 1515, en su primer emplazamiento,
en la costa Sur.
En este siglo también empiezan los ajetreos musicales
de los primeros negros llevados a la isla, que los hay, por
lo menos, desde 1513. Será un siglo mísero en
música, sólo se destacaban los llamados por medio
de tambores y flautas para avisarle a los vecinos de actos cívicos,
como reuniones de cabildos, y pregones militares, ataques de
piratas y filibusteros o actos religiosos de interés
para los pobladores. Después aparecen otros instrumentos
de cuerda, como la vihuela que servía de instrumento
acompañante, precursor de la guitarra, que se usaba en
España, mientras en el resto del continente europeo se
prefería el laúd por su sabrosa y melosa sonoridad.
Entrado el siglo XVII, Cuba empieza a dotar sus tierras de ganado,
intensifica su producción agrícola, que requiere
poco personal, empezará lenta y paulatinamente la producción
de azúcar y el cultivo del tabaco. Lógicamente
estos cambios en la ganadería y la agricultura aumentarán
su población, que a principios del siglo era de poco
más de veinte mil personas. Seguirá en su puesto
de puerto de abastecimiento y trampolín para que los
peninsulares continúen su ruta por el caribe. Se fortalecerá
la música religiosa, y Bayamo quizás por el contrabando
imperante se fortalece musicalmente; y lo mismo sucede con La
Habana, que se convierte en el puerto de las flotas, lo que
le permite tener acceso a bailes excitantes y lascivos que llegan
de las Indias. Porque la verdad es que es una producción
en la que intervienen los restantes puertos de la cuenca caribeña:
Cartagena, Santa Marta, Veracruz, San Juan. Cabe la posibilidad
de que la vida en esos puertos fuese muy parecida a la que se
daba en La Habana.
Comienza con el siglo XVII,
la exportación musical. El tango irá a la región
central de América del sur, lo que hoy se conoce con
el nombre de región del Río de la Plata, donde
están enclavados los países de Argentina y Uruguay,
ya sea en forma directa como lo consideran algunos investigadores
o por vía indirecta, haciendo escala en España,
y con el pasar de los años se convertirá en baile
nacional de Argentina; a veces la exportación musical
causaba ciertos malestares, como es el caso cuando llega el
baile: El Chuchumbé a Veracruz y la inquisición
tuvo que tomar cartas en el asunto que en cierto momento empezó
a pasar a mayores debido a la violencia corporal y los gestos
obscenos con que se bailaba.
La marcada intervención de lo blanco y negro con la anuencia
de la iglesia, diferenciará la música folklórica
de Cuba del resto de América, salvo Brasil, las costas
de Perú, Colombia y tal vez Venezuela.
Entra el siglo XVIII, y la rivalidad
entre Santiago de Cuba y La Habana se agudiza más por
mostrar la hegemonía política de la isla, y como
una de sus facetas el plano musical. La cosa parecía
ponerse a favor de La Habana, pero en cierto momento llega a
la Catedral de Santiago el músico habanero Esteban Salas,
quien hace una extraordinaria labor musical al frente de la
mencionada Catedral, desplazando a La Habana, lo más
curiosos es que a pesar de que el número de negros en
la isla era inferior al de blancos, los músicos negros
superaban en gran cantidad a los blancos; aquí empezaba
a notarse la hegemonía musical del negro sobre el blanco
en Cuba. Y así transcurren las cosas hasta que en 1791,
estalla la revolución negra de Haití; es insofocable,
y los colonos franceses se ven forzados a abandonar sus hogares
y huyen despavoridos, algunos van a Nueva Orleáns y la
gran mayoría se traslada al Oriente cubano, región
muy próxima a Haití.
Y claro fueron muchos los esclavos que se fueron con sus amos,
a su nuevo destino, tal vez porque ya se habían acostumbrado
a ese tipo de vida o quizás por temor a quedarse sin
el sustento diario. En este momento histórico, Cuba y
en especial la provincia Oriental sufrirá un cambio radical
en muchos aspectos, pero el de nuestro interés es el
musical.
Los orientales en su vida pasiva
y amable, supieron dar la ayuda desinteresada a los asilados
que llegaban, y estos, no los defraudaron. Y siguiendo la idea
de lo musical, nuevamente le tocó a La Habana ceder el
primer lugar a Santiago de Cuba, gracias a los recién
llegados. Rápidamente el señor Dubois forma la
primera banda de pardos de Santiago de Cuba. Los franceses hacen
un teatro de guano y un café concierto al mejor estilo
europeo. Los santiagueros aprenden nuevos bailes, que creen
de pura estirpe europea, pero ya tienen el sabor y el tinte
africano; el que más gusta y afinca es irónicamente
de ralea inglesa que ya antes habían estado en Cuba,
cuando la invasión. El country dance inglés llevado
a la bretaña francesa, se ha convertido en la contre-danse
francesa y finalmente en la contradanza, ya cubana. Se ve a
la luz del mundo el primer género criollo netamente cubano;
pero valga la aclaración de que no se puede hablar de
la influencia francesa en la música cubana como muchos
investigadores han escrito, más bien hay que hablar de
la influencia afro-francesa, porque la contradanza y los otros
ritmos que llevan los franceses al Oriente cubano, pero sobre
todo la contradanza, tiene ya impregnado, el modo de hacer africano.
Paralelo a la entrada de la contradanza y en un nivel más
popular, entra el cinquillo, un elemento rítmico de neto
origen africano; y que se encuentra en la base de muchos ritmos
africanos, en otros lugares de América Latina; está
en ciertos toques lucumí; de manera que cabe la posibilidad
de que ya estuviera antes de la llegada de los franceses a la
provincia Oriental cubana; lo cierto es que era la base de las
primeras cancioncillas en patois-creolé que llevaron
los negros afrancesados y que estaban construidas sobre la base
del cinquillo; así está por ejemplo, en el Cocoyé,
que se convirtió en la provincia Oriental, en algo así
como un canto nacional.
Al ser introducido en la isla, el cinquillo se impregnó
a la base rítmica de casi todos los cantos y danzas orientales.
Fueron muchos los hechos musicales
acaecidos en el siglo XIX, en Cuba. La famosa danza de San Pascual
Bailón, es publicada por Anselmo López en 1802,
y gracias a eso llega hasta nosotros, al igual que la tan criticada
Guabina, o la sabrosa y picara guaracha cubana El Sungambelo.
A la par de cosas con mucho sabor ya autóctonamente cubanas,
se publican otras canciones de letras imposibles por su rebuscamiento,
como es el caso de La Corina; otras canciones se van impregnando
del sabor cubano, criollo, por las circunstancias, como La Bayamesa,
con letra de José Fornaris y música de Francisco
Castillo Moreno y Carlos Manuel de Céspedes, luego padre
de la patria; antes de la revolución de 1868, que de
canción romántica pasó a ser una canción
patriótica. Esta, como otras canciones de estilo italiano
o francés, se acriollan hasta el punto de pasar a ser
propias de las bellas tierras cubanas.
La bibliografía
aparece en la obra.
(mas de cuatrocientas referencias entre libros y revistas).
PABLO E.
DELVALLE ARROYO
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