CARTA ABIERTA SOBRE LA RADIO EN CALI
Como si a esta altura fuese una abuela casi octogenaria,
y por ello talvez dispuesta a celebrar dentro de pronto un siglo
de existencia, hoy la radio de Cali La Bella nos obliga a reflexionar
tanto en su trayectoria como en su porvenir, tarea ineludible
porque en una estrecha fusión entre los diales y un pueblo,
es como en buena parte se puede explicar aquello que es caleño,
e igual también, por qué somos caleños.
Identidad resultante de un pueblo que se ha forjado bajo la
techumbre de las ondas radiales y que allí abajo ha crecido.
De un pueblo radial en las zapaterías, en los talleres
y en las esquinas de los barrios, por mencionar solo algo.
Es así como resulta pertinente recordar que desde el
principio de los años treintas, la radio caleña
dio inició a una importante gesta asociada a la difusión
y expansión de los más diversos y calidosos ritmos
afrocaribeños, sonando desde entonces los boleros, los
sones y las guarachas en los populares radiorreceptores, lo
cual seria tan solo como la cresta de una ola que bajo el susurro
de su incontenible acuosidad, después seguiría
penetrando la ciudad con las melodías del mambo, el guaguancó,
la pachanga, la charanga, el bugalú, y de toda aquella
música que con el tiempo cobraría el nombre genérico
- bien o mal colocado -, de Salsa. Etapas que resultaron claves
en la fundamentación musical de nuestra ciudad, marcándola
desde entonces con un inconfundible carisma que aun se asoma
en el rostro urbano.
Llegados luego los convulsivos y convulsionados años
60’s, abanderados en sus intereses ideológicos
de cambio y rebelión por la simultanea pujanza de la
balada y del rock, fue entonces también el momento caleño
para la estruendosa irrupción abiertamente salsera, en
una de las más intensas actividades de radiodifusión
de las cuales se tenga noticia - y quizá superando el
similar potencial de muchas otras ciudades latinoamericanas
-, desempeñando así la radio local un papel protagónico
respecto del desenvolvimiento de la Salsa en Cali y en Colombia.
Probablemente y bajo el signo de un crecimiento comercial, podría
decirse en desfavor que no se colocó toda la música
que estaba a mano ni que se programó en un orden impecable,
pero de esta manera fue como a través de la Salsa se
continuaron echando importantes raíces para la cultura
musical de la comunidad caleña, y fue de este modo como
con la Salsa se creció radialmente, haciendo un estupendo
e inolvidable rol que hoy pueden testimoniar numerosas generaciones
después del paso de tantos años. Pues este movimiento
se extendió a lo largo de los 70’s y quizá
hasta los mismos 80’s, consolidando la radio caleña
una época como de “jardinería”, y
adornando la ciudad con la linda música.
Pero la ultima década, y muy especialmente los últimos
años, empezaron a plantear una serie de dudas y de preocupantes
interrogaciones respecto de la labor y del compromiso inicial
de la radio en cuanto a la actividad de difusión mencionada,
lo cual hoy en día causa un enorme sinsabor entre los
salseros caleños y los amantes de la musicalidad afrocaribeña.
La principal inquietud que queda flotando es que después
del paso del tiempo, puede pensarse que la oleada de difusión
de la Salsa en cabeza de las emisoras, no trascendió
más allá del estricto fenómeno comercial.
Y que, por ejemplo, una de las más serias consecuencias
es que se “quemó” mucha Salsa de tanto trajín
que se le dio, mientras que otra gran parte de esta música
quedó empolvada y desconocida porque sencillamente no
se “vendía” tan bien. Así las cosas,
y desde el punto de vista de este estigma comercial, la radio
ha colocado en tela de juicio su papel real en el afianzamiento
de la Salsa como parte de la cultura caleña. Y la “personalidad”
de la radiodifusión al respecto queda en duda y en deuda
ante la lamentable expectativa de que no se ha hecho otra cosa
que apostar al raiting y a la pauta publicitaria, lo cual aleja
a la radio definitivamente del rol como “cultora”
de la Salsa en Cali. Agudizando este argumento, después
del tiempo se habría descubierto que la radio ha “manipulado”
la Salsa en Cali, eventualidad que bajo las circunstancias especificas
actuales resulta extremadamente dolorosa. Máxime cuando
el mismo progreso y crecimiento de muchas emisoras y de las
cadenas radiales que las representan en Cali, se hizo con base
en la Salsa.
Observaciones que hacen preludio y desembocan en un panorama
presente que se torna tan extraño como decepcionante
y frustrante, pues en la actualidad la radio caleña parece
desconocer abiertamente todo aquel baluarte musical de otros
periodos, entregándose aparentemente sin más ni
más, a sonar “todo lo que cae y como cae”.
No de otra manera se puede comprender hoy un escenario radiodifusor
saturado con cuasiversiones musicales y música comercial
(comermúsica), lo que en términos literales e
inicialmente, puede interpretarse sin temor a equivocaciones
como una traición a la tradición.
No se quiere decir con esto que no se admita ni se reconozca
la divulgación de música diferente a la que nos
ocupa, ni siquiera se atenta contra todo aquello que de una
u otra manera se coloca de un momento a otro de moda, - y que
por lo tanto -, hay que validarlo como expectativa natural de
las nuevas generaciones, ni se pide que haya que encasillarse
en la programación salsera y/o afrocaribeña. Lo
que se quiere decir es que a pesar de todas esas condiciones
de diferencia y pluralidad musical, en medio incluso de aquello
que solo es transitorio y pasajero, resulta deber mantener y
estimular aquellas manifestaciones musicales que por derecho
propio han ganado en esta ciudad la representatividad de patrimonios.
Algunas personas en el medio radial dirán al respecto
que es imposible hacer más, porque ellos y todos, somos
instrumentos de un sistema económico que no se detiene
ante consideraciones. Y que los empresarios, productores y demás,
son en ultimas quienes deciden lo que se toca y lo que no se
toca, verdad quizá de a puño en las grandes firmas
de las comunicaciones radiales. Probablemente así se
deba entender que fue la misma radio caleña la que empezó
a abrirle de par en par las puertas a lo comercial del vallenato,
del merengue, del trans, de la ranchera y de la carrilera, en
lo que extrañamente engendró una pobre versión
crosse over de las emisoras caleñas. Si hubiera que documentar
al lector sobre esto, sencillamente habría que solicitarle
que encienda su unidad radiorreceptora y que elabore un balance
personal sobre lo que allí se escucha, diciéndole
de paso que las únicas variaciones en los últimos
años han sido a la baja. Lo peor de todo es que otros
personajes del medio radial asumen sobre esto una incondicional
defensa, y dicen que lo que sucede es que la misma gente las
piden. Pero en el caso concreto de la Salsa, no queda la menor
duda de que finalmente fue tirada por la radio de Cali en aquel
triste y oscuro baúl del olvido.
En balance, se evidencia que no se puede continuar haciendo
un trabajo incierto y ligero respecto de la radiodifusión
musical en la ciudad, con base en serias limitaciones como el
facilismo y la improvisación, dejando además una
sensación de actividad indiscriminada y oportunista.
Y dentro de este mundo de los escenarios radiales, tampoco se
puede dejar la impresión de haber sido un día
galanes y ahora villanos.
Reconociéndolos de antemano, y en el marco de esquemas
económicos que no son del caso entrar a valorar ni a
cuestionar en el momento, la actividad radial depende como en
la mayoría de casos, de los resultados de rentabilidad
que se generen, pero en esta coyuntura lo alarmante es que se
esté descompensando sin medida y solo por dinero, una
realidad que tiene otro tipo de connotaciones y de implicaciones.
No puede validarse que por el desmesurado interés económico,
la radiodifusión caleña se distorsione hasta los
limites que ha alcanzado, ni menos que llegue a desconocer de
plano otro tipo de prioridades y de objetivos, que por naturaleza,
son inherentes a la labor que debe llevar a cabo. En otras palabras,
no puede resultar siendo que abiertamente se haya “vendido”
el gusto musical al mejor postor, arrastrando en ello a la ciudad
y a su identidad musical, representadas en gran parte por la
Salsa y/o la música afrocaribeña.
Sin embargo, - y si el enunciado que subyace es que las anteriores
no simbolizan márgenes de utilidad atractivos -, ello
mismo puede contener una grave equivocación, ya que una
mirada detenida y más avezada a nivel comercial, indicaría
que este tipo de manifestaciones musicales bien pueden continuar
marcando y arrojando pauta, lo cual hace suponer entonces que
solo es cuestión de ordenar las ideas al respecto. Habrían
entonces que adoptarse las actitudes necesarias para corregir
la errónea apreciación mencionada, alentados en
que la Salsa y/o la música afrocaribeña tienen
aun un amplísimo acervo disponible para la audición
de la ciudad y de su gente, puesto que con toda seguridad, hay
mucha música que no se ha tocado, y que es buena y que
debe producir pauta.
Otro factor para pensar de inmediato que es un error creer que
la Salsa no da pauta, es el potencial que se tiene y con se
cuenta si se mira el trabajo de los grupos contemporáneos
salseros, haciendo ahora su tarea musical diseminados a lo largo
y ancho del planeta. Y es así como queda igualmente la
enorme oportunidad de que se coloque y se suene lo nuevo también.
Como puede apreciarse, en ultimas de lo que se trata es de abandonar
definitivamente el afán comercial y una actitud negativa
que se ha propagado sin mayor sustento.
Una razón final y más contundente aun, es que
este es un pueblo “que sabe” sobre este tipo de
música, que se encuentra en la capacidad de retomarla
y de revalorarla, y que puede acabarse de “formar”
con un trabajo dirigido que redundará con creces en el
apoyo a la radio de Cali. El pueblo caleño todavía
espera escuchar más de esta música, y en tal sentido,
hay todo un trabajo de emisión por hacer y por completar.
Y con ello posiblemente se explotará de nuevo la fidelidad
radial de los caleños, evitando un distanciamiento que
dadas las actuales condiciones, ahora se hace más que
evidente.
Y es aquí donde hay que hacer referencia también
a que gran parte de la responsabilidad, de la misión
y del objeto social de la radio como medio masivo de comunicación,
se basa en que no puede servir a los intereses de unos cuantos,
sino prevalecer siempre en los de todos. Sin querer impartir
lecciones ni traer a colación los copiosos fundamentos
del caso, es preciso puntualizar y enfatizar en el enorme compromiso
social y cultural que tiene la radio.
En la situación concreta, - y siendo que la misma radio
en Cali ha sido parte de la Salsa y/o de la música afrocaribeña
-, en esto se trasluce un compromiso relevante con la comunidad
caleña, puesto que estas expresiones musicales en buena
medida han representado lo que es el “alma” de esta
ciudad, su identidad y su personalidad. Por ello, y tratándose
de adelantar un efectivo e idóneo trabajo de divulgación
radial, no se puede olvidar el pasado musical de Cali, ni mucho
menos comprometer su futuro a través de un presente de
dudosa reputación. En esta ciudad resulta todo un deber
el hacer homenaje a las viejas proles, reconocer a las vigentes,
y sobretodo, proteger la calidad y la riqueza musical de cara
a las nuevas generaciones. Y sobre esto tiene que haber entonces
un trabajo incondicional en el ámbito sociocultural,
para que de esta manera sea profesional. Porque la radio no
solo es radio, es un compromiso. Y con base en ello hay que
mostrar que se es profesional, bajo todo el amplio sentido al
cual conlleva esta denominación. Porque esto mismo es
condición para hacer de la radio caleña una radio
con altura nacional e internacional, ante las significativas
posibilidades de “hacer sociedad” y de “hacer
cultura”.
En este urgente contexto es como la misma comunidad caleña
y sus más diversos estamentos tienen que manifestarse
ante una coyuntura que a todos nos afecta, ya que invariablemente
se hace inaceptable que la radio de Cali se encuentre desempeñando
una actuación tan aciaga en relación con la programación
y con la difusión musical.
Lo anterior porque resulta inadecuado callar ante una realidad
que se hace tan evidente como avasallante, y porque bajo estas
mismas características, es inadecuado aceptar sin más
un ejercicio de tan lamentable tamaño y magnitud. Honestamente
nadie lo puede aceptar: ni las asociaciones de melómanos,
ni los coleccionistas, ni los académicos, ni la gente
del común, incluyendo en ella a los viejos, a los adultos
y a los jóvenes. Por lo tanto, resulta necesario enunciar
que hay que hacer sentir la voz del pueblo caleño exigiendo
un trabajo distinto de la radio local. Y si es del caso, hay
que telefonear de nuevo a las emisoras y pedir lo que sentimos
como nuestra música. Se debe exigir de la radio de Cali
una respuesta y una salida con la altura que se requiere, ya
que a pesar de constituir una empresa, la radio es de todos.
Concretamente, todos los caleños están en la facultad
y en la capacidad de exigir sus derechos al respecto, y es por
ello también que hay que remover la impasividad, la neutralidad
y la supuesta impotencia ante las circunstancias. Muy por el
contrario y en un claro sentido de recuperación, hay
que pronunciarse, denunciar, forear, discutir, escribir.
Es entonces momento de generar una enorme reflexión que
convoque a todos los estamentos sociales de la comunidad de
Cali en torno a una realidad radial que no puede dejarse prosperar
bajo esta equivoca forma de decadencia. La radio caleña
se encuentra frente al reto de responder ante la identidad de
la ciudad y la cultura de la ciudad, puesto que el reclamo por
la Salsa y/o la música afrocaribeña, es un reclamo
que alcanza estos ámbitos. Puesto que así es como
nos hemos hecho caleños, y en el mejor de los casos,
así lo seguiremos siendo. Y ello compete en amplia dimensión
a la radiodifusión local. Y porque tampoco se puede menguar
de modo alguno lo que es la calidad y la riqueza musical de
nuestra ciudad, en una urbe que así ha vivido y que así
ha visto sus sucesivas expansiones de cara al futuro.
Y ya que todo esto no ha sido sino una manera de alejar a los
diales de los caleños, ¿no es esta entonces la
peor manera para que tarde o temprano la gente caleña
se retire y también le dé la espalda a la radio?.
En esta circunstancia es necesario volver a recuperar una relación
estrecha y sincera entre el pueblo caleño y la radio
caleña, con base en el reconocimiento de valores y de
baluartes musicales que no se pueden ni se deben tirar abajo
de un solo manotazo. Alterar bruscamente el sentido musical
de la ciudad equivale a alterar bruscamente también la
relación de los caleños con la radio. Porque no
es posible dar la espalda a una ciudad, sin que en algún
momento, la ciudad igual muestre la suya.
De los varios roles que ha jugado la radio caleña a través
de las diversas etapas de esta bella urbe, no puede asumir ahora
el de sepulturera, ni pretender inhumar la Salsa y/o la música
afrocaribeña, pasando así al recuerdo de las futuras
generaciones como la generación radial que definitivamente
las enterró en Cali. Los diales en silencio ya no hablarán,
pero como repite aquel disco, dirán entonces toda la
verdad.
Amigos Impulsores de la Salsa - AMISALSA
Octubre de 2004
(Cali - Colombia)
amisalsa@caliescali.com
Artículos, Relatos,
Poesía
Miguel
Rodríguez Liñan
Rafael Quintero
José Luis Mejía
regreso