Entrevista a Ray
Barretto
Maya Roy
- 26 de Mayo 2005

Maestro, leyendo las notas que acompañan
su CD 2005 Time was-Time is (O+ Music/Harmonia Mundi,
OP109), se siente que su infancia de puertorriqueño
pobre en los ghettos latinos de Nueva York a dejado huellas
en su vida y marcado su compromiso con la música.
Usted tiene completamente razón. La cuestión
es: ¿cómo utilizar esa experiencia, esos
dolores que uno aguanta y guarda en el corazón,
esas experiencias inolvidables, sean positivas o negativas,
como transformarlas en música que refleje la vida
de una persona? El sufrimiento que pasé en mi juventud
no fue solo por ser puertorriqueño, porque en definitiva,
en cualquier instante de la vida, lo peor para uno es
ser pobre. Pero ser latino en un tiempo en lo cual el
racismo era muy fuerte era doblemente difícil .
Y con todo eso, la música fue mi salvación,
como fue la salvación de mi madre. Ella tenía
discos de artistas que yo escuchaba mucho en mi juventud,
grandes artistas y cantantes que representan la cultura
de Puerto Rico y de Cuba: inicialmente descubrí
a Don Pedro Flores, Bobby Capó, Daniel Santos,
José Luis Moneró, después a Machito,
Arsenio Rodríguez, Miguelito Valdés…
Toda esa gente formó la base para poder sobrevivir
en ese medio, porque me ofrecían el placer que
no encontraba en la vida normal.
Al mismo tiempo descubrí la música norteamericana,
porque mi mamá iba de noche a aprender el inglés;
en ese tiempo no había radio hispana, después
de las 6 de la tarde cortaban el radio y transmitían
música de jazz, en particular las bandas grandes
que estaban de moda como Harry James, Duke Ellington,
Benny Goodman. Así que cuando mi mamá salía
para la escuela, yo tenía la radio pegada al oído
y escuchaba esa música. Así entré
en la música latinoamericana durante el día
y en el jazz durante la noche y fui adquiriendo el conocimiento
de los dos géneros que siempre han formado la base
de quien soy como músico. Y siempre me dijeron
que mis arreglos en salsa reflejaban algo jazzístico,
lo que hacía que mi orquesta sonara un poco distinto
a las demás bandas. Cuando firmé con el
sello Fania en 1967 y empecé con el conjunto, siempre
decía a los muchachos al grabar: “Vamos hacer
por lo menos un numerito que refleje algo de jazz en el
LP –ya que en ese tiempo no existían los
CD’s. Esa influencia del jazz distinguía
nuestro grupo de otros como los de Johnny Pacheco o Willie
Colón, que también formaban parte de la
Fania.

Usted menciona dos fuentes
musicales que pocos percusionistas destacan, la danza puertorriqueña
y los crooners. Así que ¿le fascinaba tanto
el ritmo y el brillo de los metales como la dulzura de la
melodía?
Exacto. Yo siempre he sido melodista, la melodía
me encanta, las armonías bonitas me encantan. Mi
frustración es que…(risa) ¡fui percusionista
en vez de ser pianista! Tengo la esencia del pianista en
mi ser. Claro, tengo la fuerza de voluntad para meterle
mano al tambor, pero en mi espíritu vive un cantante,
un pianista que es parte de quien soy yo.
Le dicen “El rey
de las manos duras” por sus solos antológicos,
pero ¿será el amor a la melodía que
le da la sonoridad específica que le caracteriza
tocando las congas?
Siempre he tratado demostrar que la percusión también
tiene aspectos melódicos que se pueden expresar tocando.
Y después de todo, si el público se da cuenta
que está escuchando una melodía envuelta en
todos los golpes, se queda sorprendido, y eso hace el solo
más interesante.
En 1946, a los 17 años,
usted entra al ejército de Estados Unidos y su unidad
se estaciona en Alemania. ¿Había tocado música
antes?
Nunca. Me fui al ejército porque mi vida era una
trayectoria totalmente perdida, no sabía lo que quería
hacer, el sufrimiento que causa la pobreza se presentaba
diariamente… El ejército fue una manera de
escaparme de todo eso. Una vez estacionado en Munich fue
que escuché los primeros discos de bebop y que empecé
a tocar.
Usted empezó en
el club Orlando donde los negros tocaban jazz con músicos
europeos. Cuéntenos la famosa historia del banjo.
(Risa) ¡Eso fue una inspiración del momento!
Allí estaba un banjo viejo con cuerdas viejas, yo
había escuchado a Chano Pozo a través de sus
discos con Dizzy Gillespie, y tenía ese afán
de tocar, de imitar a Chano. Cogí el banjo, subí
a la tarima y me puse a tocar golpeando la caja. ¡Milagro
que los músicos no me botaron de la tarima! Pero
después me dijeron: “tu tienes talento, debes
seguir y tratar de mejorarte”. Entonces cuando regresé
a Estados Unidos, compré mi premier tambor y empecé
a buscar cualquier sitio con música en vivo para
mejorar mi técnica escuchando y mirando como tocaban
los músicos, no en disco, sino en vivo. Así
que… un día llegó Ray Barreto escuchando
música, y otro día salió Ray Barreto
músico, o sea músico aspirante! Y aunque odiaba
la vida militar, pienso que esos tres años fueron
los responsables de quien soy hoy en día.
¿Cómo los
grandes músicos de jazz que Usted frecuentaba en
Harlem aceptaron a un latino tocando la conga?
En aquella época existían clubes en Harlem
de la 110 hasta la 155, cada noche había un club
que presentaba descargas o sea jam sessions. Y cada noche
se llenaba de músicos que querían tocar. Al
principio, estaba un poco tímido, no sabía
como me iban a aceptar, entonces le pedía permiso
a los músicos y me decían: “Bueno, trépate”.
. Pasó que ellos se sentían cómodos,
conformes con mi forma de tocar, poco a poco fui cogiendo
un poco de fama entre los músicos locales y se me
hizo más fácil ir a los grandes jam sessions
y ser aceptado. Un día, el representante de la casa
disquera PRESTIGE, uno de los sellos más importantes
de jazz, me escuchó tocando y me invitó a
grabar con Red Garland, un gran pianista que tocaba con
Miles Davis. Al otro día fui al estudio de Rudy Van
Gelder, un ingeniero de sonido famoso, esa fue mi primera
grabación profesional, un disco titulado Manteca,
que era el disco que había escuchado con Dizzy Gillespie
y Chano Pozo. Así entré en el camino para
obtener un poco de renombre en el mundo del jazz. Al mismo
tiempo me contaron que José Curbelo estaba formando
nuevamente su conjunto y buscaba músicos jóvenes.
Hice un ensayo con el, le gustó mi estilo y me quedé
con su orquesta durante tres años y medio. De pronto
me encontré tocando música bailable con José
Curbelo y jazz con los jazzistas. Empecé a grabar
jazz muy a menudo porque me empezaron a llamar Blue Note,
Prestige, Riverside… ¡Estaba en mi gloria! Viviendo
los dos estilos de música que me encantaban. Entonces,
en el año 1957, Mongo Santamaría se fue de
la orquesta de Tito Puente, me recomendaron a Tito, fui
a tocar con el una noche en el Palladium, y Tito me dijo:
“Vente mañana a la RCA”. Grabamos la
primera sesión de Dance Mania, uno de los discos
bailables más famosos de Tito. Entonces, empecé
con Tito y me quedé casi cuatro años con su
orquesta.
¿Usted compartió
la tarima con Charlie Parker?
Fue una de las experiencias mas increíbles de mi
vida. Charlie Parker estaba supuestamente programado para
tocar en el Apollo Bar, un club que quedaba al lado del
famoso Apollo Theatre, y llegó tarde. Muchos músicos
habían venido a escucharle, porque en ese tiempo,
el era la figura mas importante para todos los músicos
jóvenes. Él no llegaba, y decidimos formar
una descarga entre nosotros. Al fin llegó, pidieron
que todos los músicos se apeen de la tarima, que
ahora iba a subir Charlie Parker con su grupo. Todo el mundo
se estaba bajando de la tarima, pero Charlie Parker puso
su mano en mi hombro y me dijo: “Quédate tú”!
Y por el resto de los nueve días que se estuvo presentando
en el club, toqué con el cada noche.
¿Existe una relación
entre la cantidad de clubes y el extraordinario desarrollo
de la música en aquella época?
Por supuesto. Los músicos podían desarrollar
su talento, lo que ya no existe hoy en día. Es una
de las ventajas que tuvo ese período en la música.
En Nueva York, los músicos podían llegar,
ser creativos, innovar, expresarse con su talento. Y si
fallaban, al día siguiente podían regresar
y mejorar lo que habían hecho en la noche anterior.
Hoy en día, el músico joven no tiene esa posibilidad.
Usted ha grabado con un
sinnúmero de grandes jazzistas, pero nunca ha salido
de gira con ellos.
No, porque una cosa es grabar… Pongamos el ejemplo
de un cuarteto, piano, bajo, batería, y el líder
que podía ser trompetista o saxofonista. En la grabación,
el sello ponía una conga para incrementar el ritmo
y darle otro color, o quizás desde un punto de vista
comercial, como el sonido del tambor estaba de moda, lo
usaban para vender más discos. Pero la realidad de
la calle es otra, cuando un músico salía a
tocar a distintas partes de Estados Unidos, no había
dinero para un quinteto, para el músico “extra”
que era el conguero, o sea para mí. En la música
afrocaribeña, en la salsa, la conga no es un instrumento
de adorno, sino un instrumento imprescindible. Con Tito
Rodríguez, con Tito Puente, con muchos músicos
latinos grababa y también estaba trabajando en la
calle ganándome el pan del día. Por eso, cuando
formé mi propio grupo, era obvio que tenía
que empezar haciendo un grupo bailable. Y empecé
con la Charanga Moderna en 1961.

Ray Barretto, Adalberto Santiago...
Ha participado en los
experimentos de fusión entre música afrocaribeña
y soul music, como por ejemplo en la era del boogaloo.
Mi idea de la fusión siempre fue cuestión
de reconocer que la raíz de nuestra música
viene de África, eso hay que reconocerlo y respetarlo.
Y como en mi vida jazzística siempre he compartido
con músicos negros, porque las figuras mas grandes
eran figuras de color... mi sentimiento siempre ha ido hacia
esa gente... donde me sentía mas cómodo era
con ellos. Al César lo que es del César...
ellos fueron los pioneros, los gigantes, y me sentía
muy honrado en su compañía.
¿Cómo Usted
eligió el formato orquestal de la Charanga Moderna?
Lo que hicimos fue combinar el formato de la orquesta charanga
con el conjunto, fuimos el primer grupo en Nueva York que
combinó violines con trompetas y trombón.
En 1967, hice un conjunto solo con trompetas, después
le agregué un trombón, también use
el trombón con flauta y trompetas. Siempre he sido
un poco inquieto, curioso, tratando de buscar nuevas formar
de expresar la música, eso viene del jazzista que
vive en mi. En la salsa, aunque era música bailable,
siempre el sonido cambiaba porque estaba buscando la forma
de mantener mi interés personal en la música
y de darle un desafío a los músicos para que
cada vez algo fresco y nuevo estuviera pasando.
Sus LP del inicio de los
años 70 como Gran Power, The Message, Que viva la
música… llaman la atención porque expresan
musicalmente un mensaje social, por sus maravillosas carátulas,
y por el recurso a la poesía, me refiero por ejemplo
al poema en spanglish de Felipe Luciano impreso en la carátula
del LP Que Viva la música.
En ese tiempo, nosotros como hispanos estábamos declarando
nuestra identidad, nuestra libertad, nuestra herencia, le
estábamos enseñando al mundo que nosotros
también éramos gente de importancia, con sus
valores, y que la música representaba la comunidad.
Que viva la música fue un título que cogió
importancia, había programas que llevaban ese nombre
- hoy en día existe todavía un programa de
radio que se llama así – y el LP cogió
mucha fama con el público. No me acuerdo exactamente
del poema, pero sé que era una cosa impactante sobre
la música con un mensaje para la comunidad. Siempre
era cuestión de combinar la política con el
arte. Hoy en día, los artistas a veces se olvidan
que la música puede ser muy importante en cuestiones
políticas.
En 1973 se rompe su orquesta,
parte de los músicos van a crear la Típica
73, y Usted regresa al jazz.
En realidad voy por primera vez al jazz como director, antes
había compartido como sideman. Aproveché la
oportunidad de tener que empezar casi de cero con la banda
de salsa, y en ese vacío grabé un disco totalmente
distinto a lo que había hecho anteriormente : The
other Road/El otro camino, que se refería al camino
jazzístico. Casi me tiran una bomba, porque no era
lo que el público esperaba. Pero hoy en día,
el disco sobrevive… A los músicos les encantaba,
ellos me expresaron gratitud porque vieron en él
una forma de libertad en la música, una manera de
darles mas horizonte para expresarse. Pero el público
que quería música bailable no lo aceptó,
y pasé un tiempo difícil por eso.
Grandes músicos
como Artie Webb en la flauta participaron en el LP. ¿Usted
había trabajado antes con ellos?
Artie Webb llegó una noche y se puso a descargar
con la banda, le escuché y le dije: “Si te
quieres quedar con nosotros…”. Él dijo
que sí y se integró la banda. ¡Así
era en aquella época! Hoy en día es muy distinto.
Después de tantos
LPs que dejaron huella en la historia de la salsa, ¿es
el cambio en las condiciones de producción y el ambiente
de la música lo que le llevó a crear en 1992
el sexteto de jazz New World Spirit?
Exacto. En los primeros años del grupo de jazz, sentí
mucha presión, pensaba que quizás estaba equivocado
en mi decisión de hacerlo. Hice un concierto en Montreux
y me gritaban ¡Salsa! Salsa! Pero el amor por la buena
música fue mas fuerte. Entiendo que la gente que
había conocido mi vida salsera estuvieran esperando
que continuara el mismo camino, aprecio a los que eran fanáticos
y me apoyaban cuando estaba en ese género exclusivamente.
Pero vino la hora de empezar una nueva vida, una nueva carrera,
una nueva forma de expresarme. Entonces, que el público
amante de la salsa venga a escuchar mi jazz y vea si puede
descubrir otro horizonte musical, y él que le gusta
el jazz, que venga también a descubrir un ambiente
distinto al ambiente del jazz.
¿Porqué
actualmente el grupo no lleva mas el nombre de New World
Spirit?
Cuando empecé con el grupo de jazz, mis músicos
originales eran un baterista de Japón, un pianista
colombiano, un saxofonista de Brasil, un trompetista puertorriqueño…
era una combinación mundial, y pensé: “Aquí
hay un nuevo mundo, y si el mundo ideal es un mundo donde
todos se pueden unir y vivir en paz, sería un mundo
nuevo y un espíritu nuevo”. Entonces puse el
nombre de New World Spirit al grupo. Después, pensé
que la cuestión no era de darle o no un nombre a
la banda, sino que lo mas importante era la música.
Después de Ancestral
Messages, Portraits in jazz and clave, Hommage to Art Blakey…,
Usted sigue explorando sus inspiraciones musicales en Time
was – Time is con una gran serenidad.
Creo que es el disco que mas refleja mi personalidad y el
hecho de haber llegado a un punto de mi vida donde, por
bueno o por malo, soy quien soy, soy yo mismo. Drume negrita
o Murmullo son números que escuché en mi niñez,
en discos que tenía mi mamá, que en ese tiempo
eran canciones muy populares, que se habían olvidado
a través de los años, pero que siempre se
han quedado conmigo. Quise hacerlas en nuestro nuevo estilo
jazzístico, pero recordando la raíces de mi
niñez. Motherless child fue parte de mi experiencia
con músicos y amigos negros del sufrimiento y de
racismo que ellos habían pasado; es una canción
de iglesia, del sur de Estados Unidos, y habla del sufrir
hasta el punto de decir: “A veces me siento como que
no tengo madre”. Una parte de los números representan
el bebop que descubrí con Dizzy Gillespie e Charlie
Parker, son números originales que también
son parte de mi ser. Está un número recordando
las noches del Palladium, también la canción
maravillosa Syrarcuse…Así que creo que este
disco en su totalidad es el mas personal, donde me revelo
mas íntimamente que en cualquier otro.
Me emocioné mucho
con Murmullo que he escuchado tanto en mi juventud, pero
sin lograr acordarme de quién lo cantaba...
(Ray
Barreto cantando)
“Suave murmullo
En el silencio
De mi soledad”
¡Es un clásico!
Pero no recuerdo el cantante del disco que tenía
mi mamá. Drume negrita, recuerdo que lo cantaba Miguelito
Valdés, entre muchos otros. Ambos hacen parte de
mi vida.
Varios números
son composiciones de sus músicos, y uno es composición
suya junto a Joe Magnarelli.
Tengo músicos extraordinarios entre Joe Magnarelli
en la trompeta, Myron Walden en el saxofón, Roberto
Rodríguez, un muchacho joven de padre cubano, en
el piano, el baterista que tiene conmigo ya 8 años,
Vince Cherico, que es un genio en la percusión porque
entiende cada género de música, sea salsa,
rock, jazz, bebop, el lo sabe todo. Así que tenemos
una combinación de músicos jóvenes,
pero con una profundidad de talento, y al escuchar el disco,
ya todo el mundo sabe que son gente de talento genuino.
Sin embargo, Usted se
presenta a veces todavía en conciertos de salsa.
Por supuesto. Yo siempre me he entregado a la música
como a un solo mundo, la única clasificación
que para mi existe es: música buena y música
mala. Hay jazz malo y jazz divino, hay salsa mala y salsa
buena. Mi vida es la música buena. Mis héroes
siguen siendo Machito, que era y sigue siendo la mejor banda
que ha pasado a través de la música bailable,
Xavier Cugat, de verdad, de verdad, porque en mi juventud,
cuando iba al cine con mi madre, fue el primer latino que
vi en un escenario, y decía: “Hay latinos que
están triunfando fuera del ghetto donde vivimos nosotros”.
Y el actor que mas me gustaba era César Romero, porque
era latino. Yo siempre he tenido esa latinidad, el latino
Ray Barreto es mas fuerte que nunca, eso es implacable ;
pero el jazzista Ray Barreto también es fuerte, y
tengo que honrar esas dos vidas que yo vivo y tratar de
darle valor a ambas con honestidad, con integridad. Mi salsa
siempre fue mezclada de jazz y mi jazz sigue teniendo un
color afrocaribeño. Hasta ahora, los jazzistas me
comentan que le gusta porque el jazz está envuelto
en otro color que ellos aceptan, y los que le gusta la música
latina escuchan música que ellos conocen, pero también
con otro color. En Time was – Time is, traté
de combinar música bailable y jazz, con mucho respeto
hacia ambos géneros. El músico siempre está
un poco adelantado al público, se expresa y espera
que el público se entere de lo que está pasando.
Uno sabe que la música designada para la juventud,
pop, rap, rock’n’roll o lo que sea, está
designada para venderse desde el momento que sale a la calle.
Pero esa música de jazz, hay que esperar que crezca,
que guste poco a poco, que se entienda poco a poco, se necesita
tiempo para darse cuenta de que hay algo bello en ella.
Uno tiene que ser paciente.
Entrevista realizada por Maya Roy el 26
de Mayo 2005
Ray Barretto (Entretien en français - Propos
recueillis par Maya Roy le 26 mai 2005, publié par
Buscasalsa )

M
aneando intrépido cueros y tamboras
A l pleno sentimiento
de un latino
N unca olvidaremos
tu figura
O h, Barretto, de
sonriente dentadura
S eremos tus testigos
en el tiempo
D
urante esta plétorica historia de música
y de danza
U na época
ejemplar por tu genial pujanza
R ara especie de artista
luminario
A diós por
el momento, y que este breve adiós,
S e convierta entonces
en una feliz hora
IN
MEMORIAM
Por:
Carlos Fajardo G.
Cali - Colombia - 17 de Febrero de 2006
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Ray Barretto à Montreux
Le concert à l’Elysée-Montmartre
(Paris) de l’orchestre Salsa
de Ray Barretto le 22 octobre 2004 avait été
un tel moment de
bonheur, qu’un petit week-end à Montreux
(Suisse) s’imposait
pour revoir ces musiciens exceptionnels, trop rares
chez nous.

/www.buscasalsa.com
Publié
le 1er septembre 2005, par Chabelita
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