Los mundos del espacio caribe: Realidad e invención
Chucho García

¿Qué es la caribeñidad?

Escribir sobre el caribe es una aventura que exige responsabilidad. Es complejo si se trata de superar las visiones unilateralmente simplistas, enfocadas por la mayoría de nuestros escritores hispanoparlantes, quienes han reducido sus percepciones y reflexiones solo a “lo hispano”, o ahora a lo que erróneamente han llamado “lo latino”, todo lo cual tiene poco que ver con las culturas caribeñas. Por otro lado, es necesario hacer algunas precisiones conceptuales para delimitar que es y no es la caribeñidad.

Del Caribe como civilización quedan apenas supervivencias que resistieron los traumáticos procesos de exterminio practicados por las potencias europeas en la época de la conquista, colonización y reparto del mundo. Esas supervivencias evidentes en la toponimia, hidronimia, culinaria, artesanias y algunos aspectos religiosos, sobre todo en el espacio caribeño de América Central – y muy concretamente en Honduras y Guatemala -, al vincularse con las culturas africanas trajeron como resultado la cultura Garifuna, que constituye unos de los espacios pocos conocido en las corrientes neoculturales contemporáneas.

Pero entonces, ¿de que culturas y espacios caribe estamos hablando? Primero abordaremos el espacio como aquella geografía que incluye todas las islas y territorios de tierra firme: México, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Guayana francesa e Inglesa, Suriname y Venezuela. En segundo lugar, estamos hablando de un proceso histórico donde se entretejieron, violenta y amorosamente, la diversidad cultural europea y la diversidad cultural africana, sobre todo de las culturas ubicadas al sur del desierto del Sahara, es decir, las llamadas culturas sudanesa y bantú.

Para repoblar y construir las economías en el “Nuevo Mundo”, los europeos organizan la trata negrera, que trae millones de niños, mujeres y hombres en calidad de esclavizados y esclavizadas desde las costas occidentales del Africa Subsahariana. Pero los afrosubsaharianos llegados forzosamente al calvario del Nuevo Mundo no eran un todo homogéneo. Con ellos venía un rosario de culturas con códigos religiosos, musicales y técnicas agrícolas específicos, tanto como guerreros y filósofos. Pertenecían a las civilizaciones Yoruba, Ashanti, Fon, Wolof, Mandinga, Kongo, Efik y Efok, Loango, las cuales marcaron definitivamente las construcciones culturales caribeñas. La invención del espacio caribe, desde la perspectiva europea, pasaba por reglamentar todo: el proceso productivo, religioso, administrativo, así como también racializar las relaciones entre los hombres e implantar el sistema esclavista, logrando con ello la acumulación de capital para fortalecer las economías de las metrópolis.

Se crean celdas traumáticamente productivas llamadas plantaciones azucareras, algodoneras, haciendas de cacao, y se organiza la búsqueda de perlas, como ocurrió en Cubagua (Venenzuela). Ante esta situación, los africanos optan por el camino del cimarronaje activo, enfrentamiento frontal a todo tipo de explotación que les negara la condición humana y la recuperación de sus códigos culturales. Una vez fugados de las plantaciones, organizan sus espacios libertarios, denominados cumbes, palenque o freevillage.

Este proceso histórico arrancaría con la primera globalización perversa en el año 1492 hasta nuestros días. No hay que olvidar, por otro lado -para entender la complejidad caribeña-, las migraciones forzadas de un cuarto de millón de hindúes, a partir de 1836, a países como Trinidad y Tobago, Suriname, Guayana y Guadalupe, y por otro lado la migración china a mediados del siglo XIX, sobre todo a Cuba. Ambas migraciones vendrían a suplantar la mano de obra esclavizada africana, debido a la prohibición de la trata negrera implementada durante trescientos años por las potencias europeas. Por último, la migración musulmana que se atrevió a instaurar un poder musulman en Trinidad en la década de los ochenta del siglo XX.

Entonces tenemos que la caribeñidad es la identidad plural inacabada, producto del compendio histórico – cultural de todas las civilizaciones que se fueron sedimentando en los espacios insulares y de tierra firme bañados por el mar Caribe.

Caribeñidad: cimarronaje y utopías

El Caribe no es un todo homogéneo, pero tiene elementos unitarios, a pesar de su diversidad idiomática, se entreteje, se comunica, rompe limitaciones. Desde la época preeuropea ha sido así. La arqueología se ha encargado de demostrar las conexiones existentes antes de la llegada de los colonialistas, entre los territorios de lo que hoy son Venezuela y Puerto Rico, a través de conchas y otras huellas de utensilios. Según Bartolomé de las Casas, en su libro Brevísima relación de Indias, en los primeros cincuenta años de la conquista fueron exterminados mas de doce millones de indígenas, produciéndose con ello la despoblación de las distintas etnias que habitaban la zona. El espacio caribe fue escenario de grandes rebeliones de esclavos, comenzando en Puerto Rico en 1514, luego en Santo Domingo en 1522, y en Venezuela en 1552 con el negro Miguel en las montañas de Buría. Pero una de las rebeliones esclavas más significantivas en el espacio caribe, fue la que se produjo el 14 de agosto de 1791 en Bois Caiman, Haití, encabezada por el cimarrón Boukman, quien logró reunir doscientos cimarrones del mismo número de plantaciones en un claro de luna. Una vieja sacerdotisa africana lanzó sus rogaciones en lengua africana, invocando a los laos y orishas ancestrales para una lucha a muerte contra sus explotadores.

La importancia de esta rebelión, completada por Toussaint – Louverture – un hombre descendiente de la etnia Fon, supuestamente nativo de un pueblo del antiguo Dahomey llamado Allada -, significó que estaba naciendo un nuevo concepto de independencia en tierras americanas, diferente al que después adoptarían nuestros precursores y héroes de la guerra de independencia quienes sustentaron sus postulados independdentistas en los enciclopedistas franceses como Diderot, d’ Alembert o Voltaire.

Y como dijera Alejo Carpentier, “que lo que reclamaban los negros haitianos –precursores de todas las guerras de independencia -, era la independencia política, la emancipación total”.

En el siglo XIX hay un interesante cruce de ideas y utopías que van a entretejer las independencias de tierra firme. Las luchas por la independencia de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, prácticamente van a tener una relación directa con el espacio caribe, desde donde Bolívar visualizará, planificará invasiones y recibirá apoyo para la gesta independentista.

En 1815, desde Kingston, Bolívar elabora sus reflexiones políticas trascendentales plasmadas en la Carta de Jamaica. Luego pasa a Haití, donde organiza la expedición de los Callos. Pero así como vemos a Bolívar apoyado por haitianos, jamaicanos y curazoleños, también podemos observar otros hechos: el dominicano Máximo Gómez lucha abiertamente por la independencia de Cuba; el lugarteniente del héroe cubano Antonio Maceo era un tal Arrecoechea, conocido como el “mambo venezolano”; Francisco Javier Yánez, cubano, firma el acta de independencia de Venezuela. El espacio caribe era un hervidero de ideas y utopías durante el siglo XIX, era la búsqueda de espacios literarios mas allá de la visión eurocéntrica. Ya en el siglo XX, los inmigrantes hindúes toman el poder en Guayana y en Trinidad. En esta última, los fundamentalistas musulmanes intentarían gobernar por la vía de un golpe de Estado en la década de los ochenta.

Caribeñidad y religiosidad

Definitivamente, el caribe fue el lugar donde se encontraron los dioses del universo con sus cosmologías, mitos, significantes y significados que marcharon en un paralelismo complementario ayudándose mutua y permanentemente, en una relación a veces entre dominantes y dominados, dolorosa y amorosa, que algunos llaman incorrectamente sincretismo, término impuesto por la escuela antropológica funcionalista americana. Los Fon lograron reconstruir su filosofía, trajeron sus loas y sus esquemas organizativos, y los reprodujeron en Tobago, Haití y algunos lugares de Cuba, como Santiago de Cuba y Ciego de Ávila. También en Santo Domingo el Vudú, con el nombre de Gagá, reproducirá la ancestralidad Fon. Lo mismo harían los Yoruba con la llamada Regla de Ocha, que tuvo su epicentro en la Habana y Matanzas y que es una de las religiones mas difundidas en toda Cuba.

Pero la diáspora religiosa yoruba también reestructuró en Cuba la sociedad de Babalaos conocida como el culto de Ifá, una de las religiones mas completas del universo por su complejidad de signos u Odum, muy vinculado a las matemáticas. La religión Yoruba es conocida como Shango Cult en Trinidad y también se le llama Kele en Saint Vicent. La religión de los efik – efok del viejo Calabar (este de Nigeria) se conservó como sociedad secreta Abakuá en los puertos de Matanzas y la Habana. Es una religión de hombres que espiritualmente tienen un dios llamado Abasi. Esta religión es la única entre las de origen africano que conserva una estructura vertical y no permite la entrada de mujeres ni homosexuales.

Los Kongos dejaron una proposición religiosa conocida como Regla de Palo Kongo, con sus divisiones de Mayombe, Briyumba y Kimbisa, teniendo como dios supremo a Zambi. La religiosidad como la Kumina de Jamaica, el espiritualismo con María Lionza, los rituales garifunas y los cultos mortuorios a los ancestros en Suriname.

De los salmos del Antiguo testamento y los planteamientos del líder negro Marcus Garvey surge en Jamaica el movimiento político – religioso conocido como Rastafaris, expresión redentora de los sectores empobrecidos de esta isla angloparlante. En una calle de Trinidad usted tropieza con las capillas hindúes gobernadas por la diosa Shiva, los templos musulmanes o los espacios dedicados al Shango Cult. He aquí el resultado de la multiplicidad religiosas que marcha en un paralelismo complementario de enriquecimiento mutuo para perfilar la religiosidad caribeña actual.

Caribeñidad y musicalidad

Los espacios festivos religiosos y callejeros fueron los laboratorios naturales para la recreación de los patrones musicales que constituyen el macrocosmo caribeño. Es evidente que la células rítmicas, tonales y percutivas afrosubsaharianas fueron las encargadas de estructurar el pentagrama de los distintos géneros musicales que hoy baila todo el caribe. Las células rítmicas de los espacios religiosos de los Ilé Ocha de los Yoruba, los Famba de los Abakuá, Homfourt de los Fon o los Munanso Bela de los Kongo, abarcarían los solares, las esquinas, las calles, las plazas y luego los salones destinados única y exclusivamente a las clases dominantes.

A pesar de las prohibiciones de las autoridades coloniales y neocoloniales, se reinventan el Carnaval, las comparsas callejeras, las fiestas de Diablos Danzantes, de San Benito o San Juan Bautista. Pero estas fiestas callejeras no existirían sin ritmos como el calipso, originario de Trinidad, con una de las creaciones más extraordinarias del mundo de la música, la Steel Band, que emergió de los golpes de los barriles que se desechaban en los campos petroleros trinitarios. No hay comparsa sin acompañamiento de la conga. Una vez culminada la comparsa en un solar, con tres tumbadoras se forma la rumba, en sus tres variantes: yambú, columbia y guaguancó. No hay fiestas de San Juan sin tambores culo ´e puya y cumacos, al igual que San Benito pasaría inadvertido sin los truenos polirrítmicos de los tambores chimbangueles. En el Caribe franco – parlante la fiesta callejera tiene su epicentro en el tambor bele con que se baila la danza cimarrona llamada laghia. Los tambores ngayabimbi y burru, en Jamaica, marcarían una pauta para el ritmo del reggae. De los tambores rada del Vudú haitiano se escogerían las células rítmicas originarias de la meringue. Puerto Rico emerge con sus tambores de bomba y plena cantando las picardías de la cotidianidad borinqueña.

Pero de tomar los salones exclusivistas de los sectores dominantes se encargaron los descendientes de africanos que comenzaron a crear géneros de salón como el danzón, el son, el reggae, el mento, beguine y mazurca. Lejos de permanecer estáticos, estos géneros comenzaron a hermanarse entre si. Surge un integracionismo musical interesante, como puede ser la mezcla del calypso con el reggae, llamada reagueliso; también el beca, que es el resultado de la combinación de la estructura rítmica y armónica de la beguine con el calypso. El Zouk es otro de los géneros que nació en el Caribe francoparlante en el que se sintetizan casi todos los géneros de las distintas corrientes musicales del área.

Las corrientes musicales del espacio caribe también atrajeron al jazz y a algunas de sus principales figuras, como Miles Davies, Charlie Parker, Dixie Gillespie, Chick Corea, Grover Washington Junior y Andy Narrel, entre otros, quienes enriquecieron sus composiciones con los géneros de este centro vital de energía llamado Caribe.

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